Las tortugas Carey no se encuentran fácilmente, pero luego de 15 años de esfuerzos por conservarlas en la nación centroamericana sus nidos han aumentado su población en un 200% y la caza furtiva ha bajado en un 80%.

Estas tortugas habitan los mares tropicales a lo largo del mundo pero se han visto en dificultades. El siglo pasado su población global cayó en un 80% debido a la caza furtiva de sus huevos y lo lucrativo que les resulta a algunos obtener sus hermosos caparazones. A esto hay que agregar el desarrollo comercial de los litorales y las redes de pesca que también afectan a sus poblaciones.

La recuperación de una población es usualmente difícil para las especies salvajes que se encuentran en peligro, especialmente las de crecimiento poblacional lento como las Carey, que sólo copulan cada 2 ó 3 años y demoran décadas en alcanzar la madurez sexual. Pero gracias la planificación a largo plazo que se está haciendo en Nicaragua para su conservación, estos antiguos reptiles están volviendo a florecer.

En Cayos Perlas, un grupo de 18 islas ubicadas cerca de la costa caribeña de Nicaragua, las Carey pueden disfrutar de los beneficios que dan los 15 años del proyecto de conservación liderado por la Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre (WCS, por sus siglas en inglés). Los nidos de las Carey han aumentado su población en un 200% desde que comenzó el programa y los ejemplares han pasado de ser 154 en el 2000 a 468 en el 2014. La caza furtiva a su vez se ha visto reducida en un 80% alcanzando este año su nivel más bajo desde que está el proyecto. Ahora que hay menos cazadores furtivos robándose los huevos y la tasa de supervivencia ha alcanzado un 75% este 2014. Más de 35.000 crías lograron llegar al mar en diciembre, según datos de la WCS.

Las tortugas Carey se encuentran normalmente cerca de arrecifes de coral donde se alimentan tanto de esponjas como de peces, medusas, moluscos, crustáceos, erizos y algas marinas. Su preferencia por las esponjas puede hacer su carne dañina para los humanos dado que estas suelen contener compuestos tóxicos que se acumulan en los tejidos de las tortugas. Esto último, sin embargo, no ha aplacado la caza masiva de las Carey dado que los cazadores se interesan más por sus huevos y sus caparazones que por su carne.

Actualmente existe protección legal a nivel global para esta especie aunque su cumplimiento sigue dejando mucho que desear en algunos de los 70 países donde históricamente se ha procreado. Antes de que la WCS comenzara con su programa de conservación en el año 2000, por ejemplo, un estudio demostró que cerca del 100% de sus nidos en Cayos Perlas eran saqueados y sus huevos vendidos para el consumo humano.

Además de trabajar en conjunto con los residentes del lugar para demostrar que estos niveles de caza furtiva no son sostenibles, la WCS ayudó a crear el Refugio para la Vida Silvestre de Cayos Perlas en el 2010, que protege las áreas de anidación, alimentación, cría, y áreas migratorias tanto para las tortugas marinas como para otras especies importantes de la fauna silvestre local. Las Carey aún deben enfrentar muchos peligros humanos, incluyendo desechos plásticos que ven como comida o redes de pesca que deambulan por el océano como verdaderas trampas mortales, pero la disminución en la caza furtiva y la mantención de sus hogares de todas maneras logran hacer una gran diferencia.

El renacimiento de las Carey en Nicaragua, es parte de una tendencia mayor que se está dando en varias partes del Caribe como Antigua y Barbuda, Barbados, Cuba, México, Puerto Rico y las Islas Vírgenes de los Estados Unidos. Esto además se complementa con medidas protectoras en sitios importantes de anidación, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, así como también en zonas de alimentación de esta especie.

Mientras que la prohibición internacional al comercio de partes de la tortuga Carey también ha ayudado a disminuir la demanda global por sus caparazones, la WCS afirma que su reciente éxito en Nicaragua fue posible sólo gracias a que las comunidades locales entendieron el peligro en el que estaban las Carey y se unieron a los esfuerzos para protegerlas.

“Las lecturas recientes del aumento de su población demuestran que trabajando con las comunidades locales podemos salvar a las tortugas de su extinción. Las comunidades que trabajan en conjunto con la WCS están involucradas directamente en la preservación de sus propios recursos naturales. Sin su ayuda y compromiso este proyecto hubiese fracasado y las tortugas Carey de Nicaragua estarían condenadas a desaparecer”, determinó el director de Conservación Marina de la WCS, Caleb McClennen.

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